Sin título (Naturaleza de imitación)

2012

 

 

Diamante .04 cm

 

 

A inicios de 2012 la Sierra Tarahumara padeció los efectos de una sequía atípica en la región, que mermó gravemente plantíos y ganados. La atención al respecto se vio incrementada a raíz de una supuesta ola de suicidios entre la comunidad rarámuri atribuida a su intolerable pobreza.

 

En un ejercicio que revela la absurda y diametral distancia en la sociedad, Irizar convocó a integrantes de la comunidad rarámuri a donar un cabello para producir un diamante artificial a partir de la extracción de moléculas de carbono presentes en el cabello humano. El cristal resultante condensa la contraposición de las superfluas ambiciones de un sector de la sociedad que aspira a estos símbolos de riqueza y los puede comisionar como objetos personalizados y las necesidades básicas de una comunidad de cuya supervivencia depende la conservación de uno de los legados culturales más ricos de México. 

 

 

 

 

Fritzia Irizar oscila entre la alquimia y el tabú. Con su obra Sin título (Naturaleza de imitación), encontró un motivo para observar críticamente fenómenos rituales que van desde el espectáculo político y la culpabilidad mundana hasta la idea de inmortalidad y la trascendencia simbólica.

 

Una compañía estadounidense llamada Infinity Diamond fabrica diamantes a partir del carbono que se extrae del pelo natural. La creación de esta piedra preciosa tiene, entre otros objetivos, funcionar como un recuerdo postmortem que se materialice en algo más allá que las cenizas del fallecido, pues el cabello contiene todas las características biológicas de una persona. Irizar utilizó este nuevo método con diversos miembros de la comunidad rarámuri, quienes donaron su pelo cuando la ayuda de organizaciones internacionales y de caridad estuvo presente en la zona durante el periodo de hambruna.

 

Aquí comienza el tabú: la utilización de un momento mediático y una comunidad vulnerable para generar arte; una acción que se podría interpretar como una profanación a los principios éticos de un pueblo indígena o un acto que se asemejaría a la pérdida de fuerza de Sansón, cuando Dalila lo traiciona cortándole el pelo. No obstante, el cabello, entendido como un elemento que tiene virtudes regenerativas, se ha utilizado desde culturas milenarias como trofeo y ornamento, y comoun mecanismo para la seducción y la memoria. El diamante, símbolo de poder, explotación y colonización, es una ostentación que aún hoy día tiene connotaciones éticas ambiguas.

 

Aquí comienza la alquimia: al transformar el pelo en diamante, la artista parte de la idea de permutación de una forma a otra mediante un acto simbólico. A medias entre el trofeo y la ofrenda, el diamante representa la perpetuidad de un hecho que se rememora y se olvida. Con ello, Irizar señala las implicaciones éticas y económicas de un acontecimiento histórico por medio de un objeto de lujo y poder. Irizar no pretende disimular una transacción dadivosa ni ser un agente social de cambio para los rarámuris. Su intención es que el diamante se inserte dentro del circuito del arte contemporáneo como cualquier objeto de consumo y, así, participe del mercado.

 

Este diamante es, en consecuencia, testimonio y documento, una especie de voto que se podría asociar a las pelotas de barro con pelo enterrado que se utilizaban en el antiguo Egipto y que eran colocadas junto con los difuntos, una ofrenda que se convierte en representación eterna de la inmortalidad a pesar de la inopia. 

Naturaleza de imitación

Andrea Torreblanca