Sin título (Totem II)

2011

 

 

Barra de sal, pedestal, báscula, herramientas,

toalla blanca y contenedor de agua

Dimensiones variables

 

 

El elemento central de la pieza es un enorme bloque de sal sobre un pedestal en un espacio de iluminación y pulcritud casi asépticas. Al evocar la idea del tótem, el bloque sugiere un posible sistema de creencias que, aunque podría compartirse, funciona de manera distinta para cada individuo. El espectador tiene la posibilidad de retirar un fragmento de la pieza utilizando las herramientas proporcionadas, mientras se comprometa a pagar por la fracción de acuerdo con las equivalencias de peso y costo. El desperdicio de la sal asociado el infortunio se convierte en un acto ligado a un sistema de valores simbólicos definido por una fuerza tan intangible como los deseos de quienes rompen y conservan esta sal como parte de un culto absurdo. La pieza conjuga la banalidad de un elemento común con la idea de exclusividad del objeto escultórico único, revelando los mecanismos del mercado del arte en una ceremonia de adoración mercantil. 

 

 

 

Parecería que vivimos un momento donde hay un intensa necesidad de decir. Una especie de ansiedad recorre los espacios de los jóvenes (y no tan jóvenes). Éstos se avientan, se golpean, se meten el pie e intentan ser los primeros en decir. Más de una vez he intentado comprender qué es lo quieren decir. Me quedo parado frente a algo que no acabo de descifrar. Me he preguntado si, efectivamente, hay algo por descifrar. Me pregunto también si no habría que regresar a la pregunta sobre qué podemos decir, qué nos es dado decir (Foucault), regresar a entender que no se puede decir todo en cualquier momento, en cualquier lugar. Si el lugar del discurso es un lugar de extrañeza y las ideas caen dentro de este espacio, entonces por qué será que desde hace mucho tiempo no escucho un enunciado específico desde esta ansiedad donde alguien quiere decir algo. La mejor actividad, en la horizontalidad de estos espacios, es pasar el micrófono con una sonrisa simpática y socarrona (en el lugar del deseo, la sonrisa se vuelve una risita nerviosa, nunca una carcajada). 

 

Hace años que el trabajo de Fritzia Irizar está buscando un lugar específico desde donde decir algo. Generalmente sus enunciados y frases pasan por una especie de ocultamiento, como si para poder decir fuese necesario “guardar” en algún lugar del discurso la clave que permita armar el sentido de las cosas ahí dispuestas, las cuales se ofrecen en su condición de posibilidad. El lector/espectador tendrá que entrar a realizar esa búsqueda, a dar con la llave que indique esa clave. Estoy pensando en varias piezas de Fritzia, pero muy específicamente en Sin título (Tótem II). Una pieza que, desde mi punto de vista, tiene consecuencias de Sin título (Tótem I), obra realizada en Bruselas para una exposición colectiva de artistas mexicanos. Generalmente la obra de Irizar no deja lugar a un error en la maqui- naria que produce sentido, que va de un punto a otro en una dirección precisa. No dudo que esa mecánica de trabajo le funcione muy bien: como una máquina perfectamente lubricada. Afortunadamente, el arte no es así, creo que es un espacio de enunciados abiertos que han de ser puestos a prueba para indagar sobre sus posibles montajes en el complejo universo de cualquier espectador.

 

Tótem II es una pieza clínica. Dice Fritzia que se refiere al capitalismo en América y su destrucción de los ídolos. A mí siempre me pareció que remitía al susurro, que nos habla de cosas de las cuales nunca podremos saber qué son porque apenas queremos saberlo; si estamos, literalmente, destruyendo esos ídolos, no lo sé, pero pienso que los ídolos “están ahí” para ser puestos a prueba, para intentar saber quién los mantendrá como ídolos. Si los visitantes a esta pieza no hubiesen golpeado y roto este “ídolo”, ¿existiría en su potencial escultórico minimalista?

 

Siempre he creído que hay que regresar a pensar desde la extrañeza del arte para abrir ese espacio de posibilidad, ese lugar desde donde algo puede ser dicho. 

Totem II (o la posibilidad de decir)

Luis Felipe Ortega