Sin título (Fe de azar)

2010

 

 

333 sacos de 3 kilos de sal cada uno,

1 diamante y 1 acta de notario

Dimensiones variables

 

 

La pieza consiste en colocar directamente sobre el piso una tonelada de sal, dentro de la cual habrá un diamante real con un costo de por lo menos mil dólares. Este acto se realiza en presencia de un notario público quien da fe de que el diamante es auténtico. Durante los días de exposición, se ponen a la venta 333 sacos sellados con cinta de seguridad con un peso de tres kilos cada uno, en los que es posible que se encuentre el diamante. La pieza continúa cuando al comprador se le notifica, mediante un documento, que la obra perderá su valor como producto artístico si abre el saco y viola los sellos, por lo que deberá decidir entre conservarlo intacto o buscar su suerte al abrirlo. 

Prrof of chance

Cuauhtémoc Medina

 

 

 

Es bien conocido que en la antigüedad la sal tenía una enorme importancia económica. Como los soldados romanos requerían de sal para sus caballos y ganado, la expansión imperial requería transportarla a larga distancias, e incluso llegó a darse el caso de que la milicia fuera remunerada en sal, lo que originó tanto las palabras “salario” (en latín “salarium”) y “sueldo1”, que en un ricochet formidable, acabó por estar fijada en el vocablo moderno de “soldado” y sus equivalentes en varias lenguas a través del vocablo francés para el pago, la palabra “solde”.2 Gracias a Marco Polo sabemos que en la provincia china de Kain Du se amasaban en el siglo xiii monedas de sal, idea que permaneció vigente en las regiones remotas de Etiopía hasta ya entrado el siglo xx3.

 

Esa memoria histórica es un ingrediente de la acción que en mayo de 2010 Fritzia Irizar propuso para la presentación de la muestra Fetiches críticos. Residuos de la Economía General, que El Espectro Rojo organizó en el Centro de Arte 2 de Mayo de Madrid, y que luego se presentó en el Museo de la Ciudad de México en 2011. Con la ayuda de un notario público, Irizar hizo colocar un diamante con un valor aproximado de mil euros, en uno de 333 sacos de tres kilogramos de sal de cocina que luego fueron ofrecidos en venta al público por 3 euros. Con ese gesto, la artista desafiaba al público a establecer una comparativa entre el valor comercial del diamante, y el valor simbólico de la obra de arte: por un conjunto de reglas emitidas desde la sobera- nía de la artista, Irizar condenaba toda violación de la bolsa de salen búsqueda del diamante como causal de la pérdida total del valor artístico de la obra. Es un testimonio de la desesperación fetichista de los espectadores que al menos dos veces los empleados del Museo encontraron sal esparcida en la sala de exposición. Optar, por el contrario, por conservar la obra intacta implicaba una cierta fidelidad al misterio y el deseo: el ingreso a una economía de la perpetua postergación del consumo, es decir, precisamente, la economía diferida del placer artístico. 

 

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1 Joan Corominas, Breve Diccionario Etimológico de la lengua castellana. 3a Ed. Madrid, Gredos, 1990, p. 522.

2 Mark Kurlasky, Salt. A World History, New York, Penguin Books, 2002, p.63.

3 Larry Allen, The Encyclopedia of Money, Santa Barbara, ABC-Clio, llc, 2009, p. 353.