Instrucciones para reconstruir el mundo

Élmer Mendoza

Que tú, el vecino de enfrente, la víctima aleatoria y la chica que han besado por primera vez, comprendan un poco más el tipo de sociedad de la que somos parte, esa que nos acoge con condiciones y hasta puede acabar con nosotros si se lo propone, dice Fritzia, y sus ojos son nieve de limón. Expliqué a tres voluntarios que debían tragar las esferas de oro, el metal que tradicionalmente representa la riqueza y el poder, veinticuatro quilates, expresa Fritzia, y sus manos son aviones estrenando cabriolas peligrosas. Registramos en un video el acto de tragar, luego los llevé con un médico que hizo el ultrasonido para tener la certeza de que las esferas estaban en el estómago de los voluntarios, me preocupaba que les pudiera pasar algo, que rechazaran un alimento que no era, exterioriza Fritzia y su pelo es una pradera bajo lluvia candente. Dos días después me regresaron las esferas y estaban corroídas; claro, los ácidos intervinieron. En esta performática íntima encontramos que el oro, el héroe que vivió esta situación extrema y significativa, fue afectado por ella. Así, en diverso grado, nos afecta la convivencia con los perpetradores de delitos. Esas personas que des- precian la vida y que no piensan antes de asesinar o apoderarse de los que no les pertenece, señala Fritzia, y su aura se crispa y parece la de Zeus cuando se enojó con Prometeo porque dio el fuego a los hombres. Quiero ser sincera, comprensible al cien, me sentiría estúpida si los que vean la pieza pensaran que los engaño con un montaje llamativo pero que no representa ningún contexto, ¿está claro? Manifiesta Fritzia, y sus pies se enfrían porque está cruzando un sueño en que era la misma Mujer Maravilla. No podré jamás conseguir hacer una pieza única si la observan a través de filtros estéticos o simbólicos. Esta pieza es un documento de cómo una sociedad podrida termina por contaminar a los que la forman y a los que llegan e intentan mejorarla, afirma Fritzia y su piel se doblega como un lienzo en sus manos al que da poca luz. S.I.N. no es nombre común, señala un estado de vida, una cotidianeidad lastimada, una situación dolorosa y una región: Sinaloa, en el noroeste de México. También significa pecado, pecado negro como el café; no ese pecado que surge del placer y todos defienden; es otro pecado, un pecado con el que no sólo te afectas a ti sino a un grupo que se deja arrastrar por la maldad y no hace nada por recuperar la forma de vida correcta, considera Fritzia, y su sonrisa son cien pájaros más dos, volando al atardecer. Para que esta desvia- ción se corrija necesitamos héroes, quizá los debamos sacrificar: es el destino de los héroes, a quienes por cierto, la palabra sacrificar inspira en sus logros inéditos, asegura Fritzia, que viste una blusa que descolgó de un árbol de cerezas en el parque Las Riberas de Culiacán. 

Sin título (S.I.N.)

2007

 

 

3 esferas de oro grabadas,

mesa con documentación médica y video

Dimensiones variables.

 

 

 

Se solicitó a tres voluntarios residentes de Culiacán, Sinaloa, que tragaran esferas de oro con las letras S.I.N. grabadas en la superficie. La pieza consta del video del momento en el que estas personas tragan la esfera y los análisis médicos (radiografías, exámenes, etc.) que muestran el trayecto de las esferas por el cuerpo de estas personas, así como de las esferas que finalmente fueron pulidas por el aparato digestivo de los voluntarios, causando que las letras grabadas desaparecieran.