Sin título (Sobre el desgaste)

2005

 

 

Oro

Dimensiones variables

 

 

Se tomaron muestras de las áreas desgastadas a herramientas de trabajadores de diversas profesiones y oficios, cuyo trabajo requiriera de un esfuerzo físico significativo, para luego recrear en oro sólido la forma del vacío dejado por el uso. Los objetivos eran: hacer una recuperación imaginaria de la energía invertida por dichos trabajadores, realizar una especie de monumento a escala de la huella que el mismo trabajador dejó como constancia del uso diario en sus herramientas, así como evocar la nostalgia hacia el espacio cedido por la materia producto del desgaste que las herramientas ahora presentan. 

“Representar lo irrepresentable” es una de las figuras que han recibido más abuso por parte de la crítica de arte. No obstante, se antoja que esa es la descripción adecuada para la alquimia que Fritzia Irizar emprende cuando se ocupa de fijar en un residuo, un olor o un material, la materialización de un capítulo particularmente metafísico de la sociedad moderna: la noción de valor económico. Cuando en la serie de 2006, Sin título (Sobre el desgaste), Irizar fundió en oro puro el espacio negativo dejado por la erosión de una serie de herramientas comunes y corrientes una llave de tuercas, un martillo, un cuchillo y un alicate de presión la artista buscaba evocar una especial transmutación. Esta no es la transformación del plomo en oro, sino la materialización del sufrimiento y el cansancio. Una representación del proceso interminable por el cual el desgaste físico y biológico producen la riqueza, no sin dejar atrás una huella de la cadena de actos musculares expresados en el cansancio del material.

 

Como Karl Marx observaba “con el medio de trabajo ocurre como con el hombre. Todo hombre muere cada día 24 horas más”1. En efec- to, las “joyas” fundidas por Irizar condensan “el lapso de vida de un medio de trabajo” que “comprende una cantidad mayor o menor de procesos laborales con él efectuados, que se reiteran una y otra vez.” La belleza melancólica de estas prótesis es la sombra de una serie de vidas consumidas, reificadas en una suerte de fantasma laboral. La elegancia de la operación estriba en su delicado apego por la particularidad. Estos “cadáveres de las máquinas,” para citar nuevamente a Marx, atestiguan también la redención de un producto industrial genérico en un objeto individualizado por su mortalidad. De ahí la forma que nos conmueve: su obstinado silencio está impregnado de expresividad. 

 

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1 Karl Marx, El capital. Crítica de la eco- nomía política, ed. y trad. Pedro Scaron, México, Siglo XXI Editores, 1975,

Tomo 1, Vol. 1, p. 246. 

 

Sin título (Sobre el desgaste)

Cuauhtémoc Medina